
El brujo guardó sus documentos místicos y se despidió con esa sonrisa característica de la infalibilidad.
No, no eran el Huachano, Luis con H, Rosita Chung o Josie Diez Canseco. Era el jefe de una encuestadora de opinión revelando los datos del último sondeo realizado. Y el programa no era Vida Dura, TVO o Lima Limón. Era un programa político serio, de esos que pasan a las 11 cuando los bebés duermen y los adolescentes se divierten.
Mientras los brujos predicen el futuro, los encuestadores políticos predicen el presente. Creen saber qué es lo que está pensando la mayoría de los peruanos respecto a un tema, personaje o gestión. Particularmente creo que no se puede saber. Digo, si un empleado se acerca y me hace unas preguntas en la calle o me llama al teléfono mientras almuerzo ¿qué probabilidades hay de que mi respuesta sea completamente sincera? Dependerá de mi estado de ánimo y de la forma en que me haga la pregunta (hay preguntas engañosas, por cierto, que inducen a una respuesta determinada). En todo caso, lo real es que para el final del día puedo tener una opinión completamente distinta a la expresada, porque cuando de opinar políticamente se trata, somos muy pasionales (miren sino los comentarios que se dejan en algunos blogs políticos) y la pasión es ajena al raciocinio, a las preguntas circunspectas en la que tratamos de ser ecuánimes y coherentes cuando en realidad quisiéramos matar de un tiro a la mayoría de políticos.
¿Por qué estos señores son recibidos y escuchados con tanta atención y sus palabras son poco menos que encíclicas papales? ¿Por qué los resultados de su encuesta son esperados como antaño esperábamos el Almanaque Universal? Porque vende, por cierto. ¿Y por qué vende? ¿Será que somos tan gregarios (o radicales) que necesitamos saber lo que la mayoría piensa para, a partir de allí, construir nuestra propia opinión?
Claro, porque si una encuesta dice que a la mayoría no está de acuerdo con la condena impuesta a Fujimori, bajan de hachazo toda la alegría que produjo en la mayoría de peruanos el histórico fallo.
Y si la madre encuesta dice que todo está bien en el Perú a pesar de los sucesos de Bagua y la corrupción, pues ¡numeros dixit! y a dormir se ha dicho.
Y si mamacha encuesta dice que Keiko lidera las encuestas entonces, señores empresarios y lideres políticos: ¡a subirse al carro para ganar sitio!
No lo sé. Pero así como nos gusta hurgar en la inmundicia de los políticos, también nos fascina hurgar en las opiniones ajenas. Todos nos hemos vuelto marketeros. Antes aquellas encuestas ocupaban un lugar moderado en los medios. Ahora son primera plana, editoriales, hasta un programa entero. El encuestador es la Luciana León de los medios: no tiene nada que decir pero nos gusta escucharla.



